El Amor llama sólo una vez

Ésta es una historia de amor como esas que cuenta la literatura o de las que se piensa sólo se ven en el cine. Pablo era de origen libanés y María de ancestros croatas, el destino quiso que se cruzaran y se enamoraran perdidamente, pero ambas familias se oponían."Su matrimonio fue una ceremonia civil, no hubo fiesta ni hubo nada", comenta Pablo Eltesch, primogénito, a mucho honor, de esta pareja y heredero de la tienda de antigüedades "El abuelo" de Valparaíso.

Se acomoda en la silla del local y enciende un cigarro para iniciar el viaje al pasado. Rodeado de objetos añosos que hablan por sí solos y curiosidades varias de valor incalculable, más sentimental que material, Eltesch repasa sus orígenes. Su abuelo paterno, Hidh Paulo Eltesch Sagüe, libanés, era vendedor viajero. Llegó a Chile desde Argentina y por esas circunstancias de la vida, en su pasaporte quedó registrado como si fuera trasandino de nacimiento. En uno de sus periplos a Los Andes conoció a Raquel Reyes Cruz, una chilena de Rinconada de Silva que lo hizo abandonar su vida errante para estacionarse al lado de ella hasta el final de sus días. Primero nació Julia y a los cuatro años, Pablo.

Pero la felicidad duró poco. Raquel enviudó y en condiciones económicas muy precarias se trasladó con sus hijos a Valparaíso. Pablo todavía muy joven, empezó a trabajar para ayudar a su mamá. A los 21 años ingresó a la Compañía Frutera Sudamericana.

GRAN ENCUENTRO

Trabajador dedicado, logró de a poco una buena posición. En sus ratos de ocio iba al Club Árabe porque ahí se sentía cerca de los lugares de donde provenía su padre. También sería el lugar donde se empezaría a tejer una gran historia de amor. Y es que fue ahí donde conoció a María Mihoevic.

María venía de una familia de férreos ancestros croatas. Era la menor de cinco hijos. Su progenitor, Jorge Mihoevic Grasic, se movía con destreza en el negocio de la hotelería. El Hotel Garden, que está aún (por lo menos la placa) en la calle Serrano frente al ascensor Cordillera, fue una de sus pujantes empresas hasta que lo vendió para oxigenar sus actividades. En el intertanto decidió ser concesionario del Club Árabe, lugar que María frecuentaba; estaba soltera y prácticamente era ella la que llevaba las riendas.

Ahí fue el gran encuentro. Ahí se conocieron. Ahí se enamoraron. El precio iba a ser muy alto, pero estaban dispuestos a pagarlo. "Pero,¿¡¡¡…cómo se va a casar con un turco….¡¡¡?" gritaba indignado Jorge Mihoevic. Julia tampoco veía con buenos ojos la unión de su hermano. "¿Cómo se va a casar con una croata? Tiene que ser con una árabe…." Los cuestionamientos eran a diario, las amenazas iban y venían. Uno de los mayores impedimentos era que Jorge, acostumbrado a ser empresario y su propio jefe, no concebía que su yerno fuera empleado de una frutera, pese a que el cargo que ostentaba Pablo a esas alturas era de mucho prestigio.

"¿Cómo te vas a casar con un empleado….?", reclamaba el croata a su hija. Pero no hubo poder humano ni divino que los separara. Se casaron por el civil, sin fiesta sin nada, en contra de todos.

EL AMOR ES MÁS FUERTE

Para aminorar las desventuras de María, Pablo decidió que si su suegro no quería que fuese un empleado, pues no lo sería y renunció, pese a que estaba ad portas de gerenciar una oficina en Ecuador.

Ya casados, María y Pablo optaron por seguir la senda de la familia Mihoevic, especialmente porque ella dominaba bien el rubro de la hotelería.

En el segundo piso de Pedro Montt esquina las Heras instalaron una residencial. Al poco tiempo y con ayuda de una matrona nació en esa misma casa su primogénito Pablo Eltesch Mihoevic. Cuando todavía era pequeño se mudaron a la calle Serrano, casi al frente de la intendencia, también al segundo piso de un edificio en el que abundaban sastres, tinterillos y contadores.

Como el futuro pintaba mejor, compraron el lugar y construyeron el emblemático Hotel Cecil. Hasta ascensor tenía y la familia también crecía. Cuatro años después de haber nacido Pablo llegó su hermana María que nació en las dependencias del hotel.

El apogeo seguía y vendieron el Cecil para comprar el Hotel París que se ubicaba donde actualmente los propietarios de la Piedra Feliz, por calle Blanco, levantan un hostal.

DEL PARÍS AL VENECIA

Grandes recuerdos conserva Pablo del Hotel París. "Era otra época. En el verano, la gente de clase media acomodada que vivía en Viña del Mar venía a Valparaíso y se alojaba en este hotel. A la hora de almuerzo había hasta 120 personas. Era un gran negocio pero muy sacrificado porque es como tener una casa abierta las 24 horas del día".

Fue así como el Hotel París cumplió su ciclo en manos de la familia Eltech Mihoevic. De Ovalle apareció un español interesado en comprarlo. La oferta fue buena. Vendieron para comprar un salón de té en la calle Pedro Montt. Se llamaba "Café Venecia", frente al Teatro Victoria.

El local fue viento en popa. Era época de grandes espectáculos y una pujante vida nocturna. Era frecuente encontrar en la cartelera del Teatro Victoria a Lucho Córdoba y Américo Vargas. Había mucho teatro, especialmente los lunes en la noche. El horario del café se prolongaba hasta altas horas de la madrugada y al día siguiente…el show debía seguir. La pareja, sencillamente, colapsó.

Aburridos de tanto sacrificio, vendieron el negocio. Fue el ocaso de un periodo en que la familia se sustentó en este rubro, pero vendría el inicio de una faceta que no estaba prevista en su bitácora.

Dedicado a descansar y recuperar fuerzas luego de toda la energía invertida en los hoteles, Pablo se dedicó a recuperar los objetos que por años había adquirido en los remates para, precisamente, alhajarlos.

Finalmente, se le ocurrió instalar el negocio de antigüedades. "Tenía intuición, esa es la verdad, y pensó que éste podría ser un negocio más tranquilo y reposado", comenta.

El año 60 Pablo Eltesch Reyes fundó "El abuelo", siempre en Valparaíso. Primero en una cuadra anterior a la que está ahora tuvo dos locales. A partir del 67 se radicó finalmente en la legendaria tienda que persiste en calle Independencia. Nada peculiar conserva de sus ancestros. "Difícil porque no era una familia tradicional chilena", dice y vuelve a repasar los episodios en los que las familias de sus padres se instalaron en Chile

LOS ABUELOS

Sus abuelos maternos, Jorge y Maria Peric Meneguelli, nacieron ambos en Croacia en la isla de Brac, la misma de donde viene una gran mayoría de croatas que desembarcaron en Chile entusiasmados con la idea de hacerse la América y de paso huir del dominio del imperio austro húngaro.

Llegaron a "Antofogasta" (como ellos pronunciaban) cada uno por su cuenta. Allá se conocieron y se casaron en 1908. Tres de sus cinco hijos nacieron en la ciudad nortina. Después viajaron a Valparaíso donde nacieron las dos últimas hijas, la menor sería la mamá de Pablo.

La primera inversión en el puerto fue comprar el Hotel Garden. Lamentablemente María Peric murió joven, a los 30 años, y sus hijas menores, todavía solteras, Jerónima y María (16), asumieron la administración del negocio. Y no es que don Jorge no fuera capaz; lo que pasa es que, según lo recuerdan, era un hombre simpático y dicharachero que gustaba mucho de la vida social, por eso el negocio estaba, en principio en manos de su esposa, y a su muerte, quedó, mejor, bajo la supervisión y control de sus hijas. Aunque no les iba mal decidieron venderlo y es cuando la historia registra que don Jorge asumió como concesionario del Club Árabe. Lo que viene a continuación ya está escrito.

Indagar en los ancestros de su abuelo paterno sigue siendo un misterio. No se sabe con exactitud en qué lugar nació, pero se notaba su procedencia porque cuando el Líbano estuvo dominado por los franceses, muchos se hicieron católicos y estaban más avanzados que los demás países árabes. Las características de Hidh Paulo Eltesch coincidían plenamente. No obstante, surgieron dudas respecto al apellido que más que libanés parecía alemán. Son datos sin dilucidar.

NEGOCIO ENTRETENIDO

Pablo Eltesch Mihoevic nació el año 42. Estudió en los Padres Franceses y su hermana en las Monjas Francesas. Egresó muy joven del colegio, a los 16 años, y su papá estaba convencido, como su hijo fue siempre buen conversador, que sería un excelente abogado. Craso error. Pablo asume que era flojo y más que Derecho quería estudiar en la Universidad Adolfo Ibáñez, ingeniería comercial. Pero lo obligaron a estudiar leyes. Año y medio anduvo por los pasillos de la Universidad, tiempo en el que se preocupó de pasarlo bien. "Yo quería plata y típico, me daban poco. Entonces entré a trabajar a la Sudamericana de Vapores, al tiempo me aburrí y me vine obligando a mi papá a trabajar con él".

Su papá aceptó tenerlo como empleado pero no le pagaba salario, sólo le daba unas chauchas para el bolsillo hasta que alguien intercedió alertando al propietario de "El abuelo" que Pablo era buen vendedor. Logró su cometido hasta que, después del 11 de septiembre de 1973, la tienda decayó.

Pablo decidió trabajar en otras empresas en las que tenía prestigio como comerciante hasta que, a los 64 años, su padre falleció.

Con el dominio que adquirió y la pasión por las antigüedades se transformó en un reconocido anticuario, cuyo local continúa vigente como una de las atracciones turísticas de Valparaíso que ha sido incluso uno de los lugares preferidos de Pablo Neruda, Enrique Lafourcade y José Donoso.

"No es un negocio para hacerse rico, es un rubro difícil", opina. El entusiasmo va por lo entretenido y novedoso del oficio. El local "El abuelo" cumplió ya 42 años de existencia y está consolidado como uno de los más prestigiosos en su rubro con auténticas reliquias de la época victoriana, juguetes a cuerda y el original mostrador que perteneció a la famosa tienda Gath y Chaves de la calle Condell con sus guantes y propaganda de la época. Un recinto mágico.